35. Contagiarse de amor.

Pertenezco a esa generación que creció viendo en la televisión Flipper, el delfín y Skipy, el kanguro y que soñaba con poder viajar a Australia en algún momento de la vida aunque sin muchas esperanzas de ver el deseo realizado. Por cuestiones del destino mi sueño se cumplió hace ya algunos años y me quedé enamorada de esta tierra, que de nuevo me volvió a acoger.

Acomódate en tu lugar favorito, cierra los ojos, respira con calma, e intenta ser consciente de lo que sientes, deja que tu mente me acompañe y permíteme de nuevo, atraparte con mi voz. Seas bienvenido a Arropando estrellas, un podcast de Bosquina Monzón.
Lo más importante de las cosas que hacemos es lo que nos hacen sentir.
Hacer fotografías es una de mis pasiones, ya sea con la cámara o con el móvil, salir a caminar, mirar con atención y dejarme embargar por todo lo que me rodea, para mí es fácil, cuando lo haces con la mente abierta, descubres en casi todos los lugares y los rincones, una buena fotografía, en mi familia están un poco cansados de verme sacar el móvil a cada paso, pero es un vicio que si lo tienes, me entenderás perfectamente. Alguna vez, incluso me he sorprendido hablando sola, diciéndole a un pájaro que no se vaya que no le voy a hacer nada malo, que solo intento inmortalizarlo, o a una flor qué bonita está, o dándole las gracias al viento por calmarse cuando hago una foto a algo susceptible de ser movido por él. Eso es tener una pasión. Aunque os puedo asegurar que sigo siendo ignorante en cuanto a gran parte de la técnica, pero eso lo suplanto con algo de imaginación.
Cuando escribo me pasa un poco lo mismo, me dejo llevar en cuanto me siento ante el ordenador, aunque he de confesar que antes era de boli y papel, sentía como un acercamiento y una comunión con esos objetos que con el tiempo conseguí obtener con el teclado. De igual manera cuando me pongo delante del micrófono me siento diferente, importante no es la palabra, pero sí diferente. Mi padre solía grabarnos con su magnetofón cuando éramos pequeños, qué difícil nos resultaba reconocer nuestras voces.
Desde bien pequeña me dijeron que leía muy bien, muy clarito. En el instituto me pedían que leyera continuamente, incluso en la facultad, exponiendo algún trabajo en público conseguí atrapar a mis compañeros con el cambio de voz y de entonación que emerge de mi garganta cuando me pongo nerviosa y nadie lo nota. Son las cosas que más me gusta hacer, eso y bailar. A mi madre le encantaba el ballet y alguna vez, cuando era yo pequeña, lo ponía en la televisión, y ese día podías verme por el pasillo de mi casa caminando en puntas moviendo suavemente los brazos arriba y abajo, dando saltos como si mi acompañante imaginario me elevara a cada paso, mi madre tenía unas fotos suyas preciosas vestida como bailarina de ballet que me enamoraron siempre. Quizás el amor por las cosas que hacemos nos lo hayan transmitido de una manera u otra nuestros padres o las personas que convivieron con nosotros. Ver disfrutar a otros de lo que hacen yo creo que es contagioso. A mi madre también le gustaba hacer fotografías.
Intenta disfrutar siempre de todo lo que haces, es la manera de transmitir al resto de personas lo que realmente sientes y es una manera de animar a los otros a enamorarse también de lo que ellos hacen. Quizás el mundo esté carente de sentimientos fuertes. Cuando uno ama lo que hace, ese amor se propaga, se transmite y se contagia. Necesitamos contagiarnos de amor.
Gracias por acompañarme y cederme un poco de tu tiempo, espero haberte contagiado un poco la pasión por hacer lo que te gusta. La semana que viene seguiré Arropando estrellas, te espero. Ahora, descansa.

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