37. Los abrazos.

Intentamos ser fuertes y a veces lo conseguimos, intentamos que no nos afecten los problemas y a veces, también lo conseguimos, pero no somos conscientes de lo heridos que estamos hasta que en un momento nos encontramos de frente con la realidad que cambia y con la solución. Ahí, en esos momentos es cuando nos damos cuenta de que los muros que construimos a veces para defendernos, también se caen.
Siéntate en el lugar que has elegido para escucharme, ponte cómodo, respira profundamente e intenta sentir cómo la calma va poco a poco ocupando cada milímetro de ti. Permíteme atraparte con mi voz. Seas bienvenido a Arropando estrellas, un podcast de Bosquina Monzón.

Estas semanas, para gran parte de los que seguimos viviendo fuera de nuestro país, han vuelto a ser muy duras, no ver el final de un confinamiento que nos mantenía sin poder salir del país desde que comenzó todo esto fue muy duro, estar tan lejos, tan lejos… que tienes miedo por todas las personas a las que quieres, te pasas el día rezando, aunque creas que sea un poco absurdo, para que todos sigan bien, para que cuando regreses todo siga, por lo menos, como lo dejaste o algo mejor, para que no falte nadie, vivir tan lejos, en algunos aspectos de la vida, te hace sufrir más. Cuando por fin escuché que se iban a abrir las fronteras internacionales, a reanudar los vuelos entre países, toda esa fuerza y entereza que había sentido y me había permitido ser fuerte durante tanto tiempo, desapareció, me derrumbé y comencé a llorar, por fin, en los próximos meses podríamos regresar y abrazar de nuevo a todas las personas que queremos, con las que hemos luchado desde lejos, desde tan lejos. Lloraba por todo el tiempo que había aguantado sin hacerlo, por las ganas que tenía desde hacía tanto de abrazar a mi familia, de abrazar a mis amigos. Aún sin haber perdido el contacto, hablando por wasap, haciendo videoconferencias, nada puede sustituir a un abrazo, ese contacto que dice tanto, que transmite tanto y que da tanto. Esa comunión perfecta entre dos personas que se aprecian, que se quieren y que lo hacen sentir a través de ese contacto, es muy difícil de sustituir. La importancia del contacto humano, del contacto físico con las personas a las que quiero es tan necesario, para mí, como el aire que respiro, es la manera de recargarme por dentro, de sentirme bien, de demostrar lo que siento por el otro y hacia el otro. Soy de dar abrazos a las personas a las que quiero y necesito esos abrazos, esa cálida manera de decir y demostrar: estoy aquí, sigo aquí.

Ayer salí a caminar, como hago a menudo, por el jardín botánico. Terminé en la Ópera y me dio la impresión de que las vallas que le habían puesto para impedir que la gente subiera o la circunvalara habían desaparecido. Pues bien, me emocioné, está claro que este encierro me ha debilitado, me ha hecho más sensible a la libertad de hacer. Subí las escaleras sonriendo pero aguantando las lágrimas, le sonreí al vigilante, hice una foto desde arriba y bajé de nuevo esas escaleras tan familiares pero que habían permanecido tan lejanas. Y di una vuelta alrededor de la Ópera, respirando profundamente, disfrutándolo como si fuese la primera vez que lo hacía. Las escaleras que dan al mar permanecen valladas, de nuevo el león marino ha regresado a ellas. El vigilante se acercó a mí y me preguntó si notaba algo diferente, nos echamos a reír y me dijo que había otro león marino más pequeño que también iba de vez en cuando, desde que no había tanto jaleo. Charló conmigo un rato, cómo echaba de menos que alguien ajeno a mi vida me hablara, aunque fuera en inglés.
Los comercios, los bares, las oficinas están preparando la reapertura. Bienvenida la luz. Pero hay que seguir teniendo paciencia, y siendo cautelosos, hay aún demasiados puntos que aclarar.

Gracias por regalarme estos minutos de tu tiempo. La semana que viene estaré de nuevo arropando estrellas, te espero. Ahora, descansa.

Deja un comentario

Tu dirección de correo electrónico no será publicada.