38. Como Cenicienta.

Podría sonar a la magia de un cuento como el de Cenicienta decir que a las doce de la noche todo volvería a ser como antes, a la normalidad, aunque en realidad todo, no. Cenicienta en su carrera por regresar a casa perdió su zapatito de cristal que permaneció intacto.

Siéntate en el lugar que has elegido para escucharme de manera tranquila y relajada. Respira profundamente y expulsa el aire lento, intenta olvidarte de las prisas por un momento, este tiempo es solo para ti. Permíteme atraparte con mi voz. Seas bienvenido a Arropando estrellas, un podcast de Bosquina Monzón.

Este lunes, o mejor dicho, a las 12 de la noche del domingo volvió la normalidad a NSW, la gente corrió en el sentido opuesto al de Cenicienta, huían de sus casas para acudir de madrugada a la peluquería o a alguna tienda de esas enormes con un montón de oportunidades, reflejando en sus caras la alegría del que recupera el poder mirarse de nuevo al espejo sin tener que ver esos pelos desaliñados con raíces blancas que durante tantas semanas le habían robado el sueño. ¡Ya está! Hemos alcanzado los objetivos de vacunación del gobierno, pronto llegaremos a un más que aceptable tanto por ciento de personas vacunadas con las dos dosis, pero aún queda tanto por hacer! Intento relajarme pensando que antes de lo que creo podré abrazar a las personas que quiero.  Cada paso a su tiempo, y uno cada vez, ese es mi nuevo mantra. Seguir caminando, la gente se va relajando, vivimos, quizás, anestesiados.
Ayer he podido acudir a mi supermercado de siempre que está a más de cinco kilómetros de mi casa y he podido hacerlo con mi hija, antes no podía, sólo una persona por familia; así que todo un logro. Hemos enseñado sin problemas  nuestro registro de entrada en el local y a continuación nuestro certificado de vacunación. No sé, me hago tantas preguntas retóricas que me canso de esa falta de respuestas. Seguimos caminando, y suerte que podemos hacerlo.

Asomada a mi ventana llevo varios días viendo cómo cae la lluvia, cómo ese agua menuda consigue hacer desaparecer los altos edificios, pero a la que, como gallega, estoy acostumbrada, este tipo de lluvia es parte de lo que nos hace ser diferentes.
Llueve hacia los lados, puedo verlo desde mi ventana, así que el paraguas de poco sirve a los valientes que salieron pese a todo. 
La lluvia intenta borrar a su paso también nuestra memoria, parte de nuestra memoria, no vale la pena recordar, borra este año y medio, ya no está.
Ver la lluvia desde la ventana, siempre me hace regresar, me lleva a mi niñez, a la niñez de mis hijos, me lleva a recordar personas, lugares, situaciones.
Cuando digo que me gusta la lluvia, siempre hay alguien que piensa que estoy loca, que la lluvia es desagradable, pero se olvidan de que la lluvia nos da la vida, hace magia con el paisaje, convirtiendo en verde intenso lo que antes estaba dorado, apaga fuegos, limpia el aire y también el alma.
Intenta recordar algún día de lluvia que se haya convertido en maravilloso e inolvidable procura traer cada detalle a tu memoria y disfrútalo como la primera vez. Respira profundamente sintiendo el olor a tierra mojada que atrapa tus recuerdos.
Gracias por regalarme estos minutos de tu tiempo. La semana que viene estaré de nuevo arropando estrellas, te espero. Ahora, descansa.

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