39. Un canto a la vida.

El fin de semana, por fin, hemos podido disfrutar de un tiempo maravilloso de sol, calor, paseo por la playa. 
Era necesario sentir, de nuevo, un poco de vida, de aire fresco, brisa en la cara y paz en el alma.
A la gente le cambió la expresión, sonríen, están más tranquilos, he podido respirar esa alegría que da el escuchar la risa y el juego de los niños. 
Regresa la vida a las calles, y con ella regresa la calma.

Siéntate en ese apacible lugar que has elegido para escucharme. Respira profundamente, siente cómo la paz, la tranquilidad te van atrapando, olvídate de las prisas y del ruido por un momento. Permíteme atraparte con mi voz. Seas bienvenido a Arropando estrellas, un podcast de Bosquina Monzón.

Hace unas semanas pude ver un vídeo producido por BBC Studios que me ha dado mucho en qué pensar y que te recomiendo que veas si puedes: “el año en el que el mundo cambió” Es un canto a la vida, a la esperanza, a las ganas de luchar por un mundo más justo para todos los seres vivos.

Unos meses atrás había visto imágenes de canguros paseándose por la ciudad, de jabalíes dándole brillo a alguna plaza, pavos reales, ciervos, cabras, cruzando carreteras, zigzagueando por las calles, e incluso, hasta un oso. Nosotros dejamos de salir y nuestro espacio fue reconquistado, sin fronteras que los detuvieran o les marcasen el territorio, sin ruido, sin coches, sin barcos ni aviones, volvieron a sentirse libres. Ver esto da qué pensar, quizás necesitemos hacer una importante reflexión sobre lo que estamos haciendo con el mundo.

La primera vez que vine a vivir a Australia fue la primera vez en mi vida que vi ballenas. Nos tuvimos que acercar a una playa en la que sabíamos que solían avistarse y allí estaban, una pequeña familia formada por tres ejemplares enormes salían de vez en cuando a respirar y de paso a saludarnos, era como ver a alguien recreándose en su piscina particular, nadando despacio, haciendo alguna pirueta o simplemente sacando una y otra vez los brazos fuera del agua, plácidamente, otras veces eran sólo madre y cría. Es un espectáculo magnífico y mágico a la vez.
Este fin de semana, casualmente, después de habernos pasado encerrados los meses de la temporada en la que aparecen por la costa, pudimos verlas a lo lejos en una de las playas a las que fuimos a caminar, no puedo dejar de mirar, las observo desde lejos y siempre me digo que no puedo irme de aquí sin verlas de cerca, de muy cerca. Tendré que investigar su trayectoria, es mi sueño. Transmiten tanta paz, tanta belleza y tanto amor que es imposible explicar con palabras lo que me hacen sentir.
En South Australia hay una isla que siempre describo como fascinante, extraordinaria, con un paisaje idílico, y un mar turquesa de aguas cristalinas. En ella puedes encontrar en libertad focas, leones marinos, pequeños pingüinos, delfines, diferentes tipos de lagartos y pájaros y por supuesto koalas, canguros, emúes y equidnas. Con larguísimas carreteras de tierra cuyo paisaje es único. Enormes piedras con formas diferentes talladas por la erosión, imitando el pico de un águila, o el caparazón de una enorme tortuga, un formidable arco formado naturalmente desde el que se pueden ver focas tomando el sol, una enorme duna de arena blanca. Lo tiene todo, todo en una isla no muy grande.

Ya no te robaré más tiempo por hoy, gracias por acompañarme. La semana que viene volveré a ser de nuevo esa voz que comparte un poco de su tiempo robándote un poco del tuyo y seguiremos, si quieres, arropando estrellas. Ahora, descansa.

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