43. Mi regalo.

Escribo esto el día del cumpleaños de mi hijo, me siento un poco triste porque será el segundo de sus cumpleaños que no podré celebrar con él, sé que está bien y que no pasa nada, pero me gusta celebrar en familia, creo que es algo que ayuda a sentirse bien y que es algo que con los años se recuerda.

Acomódate en el lugar que has elegido para escucharme, respira profundamente intentando sentir el aire que nos da vida, intenta retenerlo en tu interior unos segundos y expúlsalo lentamente, repítelo de nuevo y siente cómo te vas relajando, trata de soltar tus músculos, para mí es más fácil aflojar los hombros y la cabeza, la espalda y a continuación los brazos, muévelos ligeramente y siente cómo se van relajando, cómo te vas relajando. Permíteme atraparte con mi voz. Seas bienvenido a Arropando estrellas, un podcast de Bosquina Monzón.

A veces vivimos de recuerdos, de recordar personas, de recordar momentos, y aunque una parte del mundo nos diga que es absurdo recordar, que siempre hay que mirar hacia adelante, a mí me gusta hacerlo, es la única manera que tenemos de no dejar ir al que ha fallecido, y de permanecer con los que están lejos, nunca tomé como pérdida de tiempo el recuerdo, más bien todo lo contrario, recordar me ha ayudado a avanzar, a perdonar, a querer y a no juzgar, a comprobar que he caminado al lado de buenas personas que me han querido, que las he querido, que se han preocupado por mí, que me han ayudado a seguir.

Uno de los regalos más bonitos que puede darnos la vida es el de tener un hijo, comprobar que todo puede cambiar en un instante, y que puedes volverte, si cabe, aún más sensible, más torpe, más indefensa.
Cuando tienes un hijo, la manera de mirar el mundo cambia, te hace dudar de tus capacidades, de tus emociones, de tu manera de percibir. Yo, que siempre he sido muy exagerada, no paraba de ver dificultades y problemas, peligros continuos. Mi cerebro, quizás por pura supervivencia, permanecía en un estado de alerta continuo que resultaba agotador. Personalmente tuve que dejar de leer los periódicos, las noticias no dejaban de recordarme que había traído a mi hijo a un lugar de locos, de personas trastornadas y malas cuya misión era hacerle la vida imposible a las buenas personas, guerras, desapariciones, hambre, asesinatos, era como si no existiera nada bueno libre de mención. Lloraba con las noticias, lloraba con algunas películas, con alguna música que me recordaba lo dura que podía ser la vida para una persona tan chiquitita.
Comprendí pronto que las hormonas nos pueden jugar malas pasadas, nadie podía preguntarme cómo estaba sin que comenzara a llorar, estaba bien y era consciente de ello, pero también era consciente de mi vulnerabilidad, cosas que hasta entonces nunca me habían preocupado por no verlas peligrosas, las veía ahora con luces rojas avisándome de un posible peligro inminente.
Pronto te acostumbras a que te llamen pesada por preocuparte, a que terminen alguna de tus frases cuando salen de casa.
Había muchas cosas de mis padres que cuando era joven no entendía y que comprendí casi el mismo día que nació mi primer hijo, cuando lo pusieron entre mis brazos supe que nada volvería a ser igual que antes, que mi normalidad iba a ser la de pasar el resto de mis días con los dedos cruzados y rezando porque todo saliese bien. Cuando nos convertimos en padres es más fácil ser empático, o entender muchas cosas.
Sólo espero poder volver a abrazarlo pronto y poder abrazar pronto también, a mi madre.
Gracias por acompañarme durante estos minutos, espero haberte hecho olvidar la monotonía del día. La semana que viene, estaré de nuevo Arropando estrellas. Te espero, ahora, descansa.

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